PARA MIS AMIGOS...

"Cuando buscamos el tesoro, nos damos cuenta de que el camino, es el propio tesoro"
Paulo Coelho (El Alquimista)

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Paulo Coelho es un famosísimo autor al que muchos de nosotros hemos leído fervientemente. Sin embargo, muy pocos conocemos a este complejo personaje. Aventurero e inconformista, verdadero navegante, ha probado todo lo bueno y malo en las tempestades que insufla la vida. Pocos saben de los momentos dolorosos de su pasado, como la travesía por los desiertos de las drogas, la magia negra y satánica, la cárcel, el manicomio... Todas estas experiencias le han servido quizás, para llegar a ser quien es hoy en día en el mundo literario.
Coelho es quizás no un ejemplo a seguir pero sí, desde mi punto de vista, la confirmación de que todos podemos superar cualquier momento doloroso en nuestras vidas y que son, precisamente estos mismos momentos, los que nos hacen más fuertes, maduros, sabios...
Él, como todos nosotros, fué un caminante desorientado que perdió el rumbo de su vida debido a ciertas circunstancias. A pesar de ello, supo encontrar y retomar el camino correcto, un sendero afortunadamente lleno de esperanza para todos nosotros...

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Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados pero el hombre no se dió cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
- Buenos días.
- Buenos días.- respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el cielo.
- ¡Que bien que hayamos llegado al cielo porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. - le dijo el guardián mientras señalaba la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...
- Lo siento mucho - dijo el guardián - pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber sólo. Dió las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
- Buenos días. - dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas. - dijo el hombre, indicando el lugar - Podéis beber todo el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atras para dar las gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis.- le respondió éste.
- A propósito ¿cómo se llama este lugar?- preguntó el hombre.
- CIELO.
- ¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo. Era el Infierno.- contestó el guardián. El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre!¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! - advirtió el caminante.
- ¡De ninguna manera! - increpó el hombre - En realidad, nos hacen un gran favor porque ALLÍ SE QUEDAN TODOS LOS QUE SON CAPACES DE ABANDONAR A SUS MEJORES AMIGOS...
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Para mis amigos, que siempre me acompañan en las estrecheces de este largo, pero corto camino que es la VIDA...
Con todo mi cariño,
Mónica.