Extractos del Recuerdo...


Sarajevo, 25 de marzo de 1999.

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La semana pasada estuve dos días de misión en la zona de Croacia. Concretamente en Duvrovnik y Makarska... Son dos ciudades situadas en la zona costera de Croacia por lo que el tiempo, es bastante parecido al de Alicante. En cierto modo, me recordó mucho a los jardines de Elche por sus palmeras aunque hay que reconocer que, las nuestras, les ganan en tamaño y belleza...

Las montañas, al borde de la mar, me hizo añorar nuestra pequeña Sierra, la misma que me alegra el corazón cada vez que regreso a casa... y, por un momento, casi pude sentir el mismo aroma, la misma brisa de humedad en aquel aire marino...
Después del duro invierno pasado en Sarajevo, donde las temperaturas rebasaban en ocasiones los veintitres grados bajo cero, el tiempo era tan acogedor, que me sentí como en casa. El viaje fué, sin embargo, bastante agotador aunque he de confesar que mereció la pena.
Una vez alojadas las personas que conducíamos, nos dirigimos al que sería nuestro hotel, situado en el otro extremo de la ciudad. Allí pudimos refrescarnos y, tras ello, nos dispusimos a visitar la ciudad. Fué realmente placentero poder marchar por aquellos lares.
Su majestuosa muralla, verdadera fortificación de la ciudad, me hizo pensar en las ruinas de Tabarca ya que el estilo es muy parecido. Sin embargo; esta pequeña ciudad ha sabido guardar intacta toda la cultura del aquel entonces. Cuando paseas, tienes la sensación de estar en una época o cultura distinta a la tuya. Es una sensación extraña la que ello produce pero como digo, también es algo románticamente encantador...
Unas pequeñas vacaciones en un país que parece no descansar nunca... Es así, al menos, como se vive el transcurrir diario. No existen los fines de semana, la ciudad no descansa, sus habitantes tampoco y, nosotros, no nos podemos descuidar... Ahora, con la llegada de la primacera, Sarajevo parece más humana. Aquel frío aspecto ha dejado de serlo tanto. El sol, luce esplendoroso aunque desgraciadamente, ni siquiera su fuerza podrá hacer nacer los frutos de una Tierra que el hombre se ha empeñado en destruir...
A veces me pregunto, llena de tristeza, por qué hemos de guardar tanto odio en nuestros corazones. Me acostaba totalmente quebrantada, cansada por la fatiga de toda esta experiencia y, sin embargo, perdía el sueño tratando de encontrar un motivo, una sóla justificación... Hemos sido capaces de crear las más hermosas historias, los más gloriosos monumentos... Hemos sido capaces de soportar enfermedades incurables, llorar en el silencio mientras los nuestros se marchan y ahora que parece tener solución muchos de aquellos problemas, no somos capaces de dejar vivir...
Antes, cuando era más joven, creía que el mundo en el que vivía era demasiado complicado. Los estudios, no poder salir siempre que me apetecía..., todo eran pequeños incovenientes y, sin embargo, vivía aferrados a ellos como si aquellos momentos fuesen los más duros... Ahora, todo aquello carece de gran importancia.
Cuando aprendemos a estar lejos de aquello que más queremos, podemos comprender que la vida, está llena de pequeños detalles que, desgraciadamente, se nos pasan desapercibidos. Es en estos momentos de desaliento cuando una abre su corazón y sólo entonces, observamos cuánta nostalgia guardamos de aquellos días y sus pequeños problemas...
La familia, los amigos..., el poder leer el horóscopo intentando adivinar lo que nos depara la mañana, ver una buena película o escuchar música en agradable compañía, sentir el murmullo de la gente, tu propia lengua..., ¡Hay tantas cosas que se echan de menos! y, precisamente, las más insignificante...
Sin embargo; carecer del cariño de la familia o amigos puede resultar insoportablemente triste y es entonces cuando, al recibir una carta, unas palabras en un trocito de papel se convierten en tu mayor aliado, tu fiel amigo, tu compañero de batallas, el único que acaricia tus manos y que puede sentir así, la emoción cuando te tiemblan y que sin embargo, no te abandona y se deja ahogar, derramado por la alegría de tu corazón.
No. Nunca me han dejado sóla... Me han ayudado aún en los momentos más tristes y sólo ellas, pueden reflejar lo que encierra el corazón en momentos como estos. Hoy, no estoy triste... Me siento contenta por el trabajo y orgullosa de mi gente, la familia y amigos que, aún en la distancia, supieron estar a mi lado.
Nunca he sabido muy bien lo que puede depararme el mañana aunque hoy, más que nunca, tengo muy claro lo que no deseo... Esta mañana, mientras conducía, un sentimiento vino a mi mente. Pensé en todos nosotros, la familia, los amigos, aquellos que acaban de nacer, nuestra tierra, el hogar..., pensé en infinidad de cosas y deseé, con gran dolor, que ninguno de nosotros pueda vivir una situación así... Luchar por ello me ha empujado a estar lejos de la familia pero sé, que ellos están ahi... Su espera es mi mayor recompensa.
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"Sólo el corazón puede sentir la belleza de la vida y,
sólo él, puede comprender las heridas de la vida"
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Os quiere, siempre
Mónica Rocamora Boschet.