Lágrimas de Libélula

Libélula
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Las Libélulas son seres fascinantes, casi mágicos. Dominan los aires desde el periodo Carbonífero y son, posiblemente, miembros del primer linaje animal que fué capaz de levantar el vuelo y comenzar a vivir en tres dimensiones.
Durante el Siglo XI, las familias nobles de Japón usaron la libélula como ornamento en todos los textiles de su mobiliario. Fué tal su importancia que fué escogida para hacer parte del escudo de la familia Samurai. Por otro lado, Japón no siempre ha tenido ese nombre. La leyenda dice que el Emperador fué mordido por un caballo alado, el cual a su vez, fué mordido por una libélula. El Emperador honró a ésta, nombrando una región de Japón como "Akitsushima" o "Isla de la Libélula".
Soñar con ellas dicen, que simboliza la ligereza, la frivolidad y la inconstancia aunque representan desde hace siglos, la libertad, la luz y la creación...
También anuncian lluvias, ya sean del cielo o de tus ojos...
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Hoy, al llegar a la oficina, tras cumplir una serie de ritos matutinos con la intención de comenzar la que sería mi jornada laboral, observé revolotear un pequeño insecto que hacía años no tenía la oportunidad de ver. Dudé de que se tratara realmente de ella y llamé a mi compañero para verificar lo que no tenía duda alguna : se trataba de una pequeña LIBÉLULA...
Traté de no molestarla, fascinada por su graciable vuelo y continué con mis tareas diarías. Observar el correo, dar entrada a los escritos, distribuir las solicitudes de material, encender el aparato de aire acondicionado..., ¡qué calor!, ¡qué fallo más grande! pero, ¡¿en qué estaré pensando?!, ¡¿en quien?!...
El teléfono sonó entonces y, tras comprobar la información requerida en la base de datos, la persona al otro lado del hilo se despidió agradeciéndome la ayuda. Me levanté para prepararme un café y, mientras bebía de él a pequeños sorbos, traté de encontrar a mi pequeña amiga, la única que me hacía compañía a aquellas tempraneras horas.
Nada..., ¿dónde estará?-, me pregunté a la vez que la buscaba con sumo interés.
Al ir tras su búsqueda en aquellos apenas 12 metros cuadrados, descubrí que un pequeño bichito yacía tendido entre los papeles de mi jefe. Sentí cierta aflicción pero, una vez más, tuve que camuflarla bajo el uniforme... Un gesto ya cotidiano por la inercia de los años pasados. Una pesada coraza contra las frías y ávidas miradas, bocas sedientas de carnaza con la que poder nutrir sus ya, por descontadas vacías vidas...
Estaba yo embebida en ésto, entre el disimulo y los sorbos de café, cuando sentí un ligero aleteo en mi lóbulo derecho. Su revoloteo me llevó al impulso de arrascarme pero un ligero "schsssss" me detuvo entonces.
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- No hagas éso.- me advirtió.- No puedes tocarme.- su voz era dulce y aniñada.
-¿Por qué?.- pensé.
- Si lo haces, me harás daño - comenzó a decir - ¿Sabes quien soy?
-¿Una libélula?- dudé.
- Sí y no.- contestó con cierta ironía.- Tengo forma de libélula pero lo cierto es que soy mucho más - continuó- represento tu alma, tu vida, tu razón de ser...
-¿Tan frágil soy?- le pregunté incrédula. De repente sentí un pequeño pero aún ahora, doloroso mordisco en el lóbulo.
- No te dejes llevar por las primeras impresiones.- rió entre sus pequeños pero afilados dientes - Somos más fuerte de lo que imaginas...
- ¿Qué haces aquí? - pregunté intrigada.
- Lo sabes, - me contestó - pero no quieres escucharte. ¿Por qué sino estás tan triste?
- No lo estoy.- me defendí.
- He venido aquí para aligerar tu tristeza. - anunció - Aunque me veas pequeña e incapaz de llevarme tan gran carga, guardo la magia de hacer volar tus penas, sanando los recuerdos que te atan al pasado.
- Mis recuerdos son hermosos.- repliqué - No tengo necesidad de sanarlos.- Un fuerte mordisco me hizo entonces tarascar mi lengua. - ¡Ay!.- me quejé - ¿Pero qué haces?
- ¿Qué haces tú? - replicó - Mira en tu interior. Alguien dejó un gran vacío...
- No quiero pensar en ello.
- Deberías hacerlo, - me aconsejó - sólo si te liberas de esos recuerdos, de aquellos que te tienen anclada al pasado, sólo así podrás ser libre de nuevo.
- Pero fueron tan hermosos ¿por qué he de borrarlos?
- Porque mereces ser feliz. - sentenció firmemente - Y no has de borrar los recuerdos, - corrigió el pequeño odonato - tan sólo crecer con ellos. Tienes la fuerza y el coraje necesario para ello.
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Miles de recuerdos se agolparon de repente en mi mente, haciéndose valer ante la razón de aquella pequeña libélula, justificando su presencia en mí con los momentos vividos, todos ellos maravillosos, atormentando y perturbando la aparente paz interior, que se escondía tras una fachada aparentemente fría...
Sin apenas ser consciente, las lágrimas se agolparon borrando todos los recuerdos con un llanto inesperado de emociones y sentimientos de cruda realidad.

- Mereces ser feliz... - le oí decir poco antes de sentir su dulce revoloteo delante de mis ojos a modo de despedida. Se acercó a mis lágrimas y se fundío en ellas mientras repetía, una y otra vez, con un tierno beso..., MERECES SER FELIZ...

Siempre,

Mónica.

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