Senderos por descubrir

Un lugar de encuentro para todos aquellos que, en un momento de la vida, se detienen en la senda del camino para intercambiar impresiones, disfrutar de los recuerdos vividos, celebrar a la luz de la luna y el calor de los amigos...

LUGARES POR DESCUBRIR

 

84 HORAS, 3500 KMS...

La Perra Trujillana
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Este romance relata el importante papel que tiene el perro en estos parajes extremeños. Por ser un animal fiel y leal, se convierte en el compañero inseparable del pastor.
La Perra Trujillana se hizo famosa cuando lleva a su amo, la loba que momentos antes, había robado una cordera del rebaño.

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Estando yo en mi choza,
pintando la mi cayada,
las cabrillas altas, iban
y la luna rebajada.
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Vi de venir una loba,
derechita de mi majada,
¡Detente loba!¡Detente!
No seas desvergonzada
que tengo siete cachorros,
y una perra trujillana
y el perrito de los hierros
que por los tiempos volaba.
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Siete vueltas dio a la red,
y no pudo sacar nada,
al dar otra media vuelta,
sacó una cordera blanca.
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Aúpa mis siete cachorros
y mi perra trujillana,
que si me la agarráis bien,
la cena tenéis doblada.
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La corrieron siete leguas
por una vega muy llama,
la corrieron otras siete,
entre cerros y vaguadas.
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Al bajar un arroyuelo
la agarró la trujillana.
¡Tómela usted su cordera,
buena y sana como estaba!
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¡Yo no quiero la cordera
que la tienes maltratada,
lo que quiero es tu pelleja,
que la tengo ganada!
***
Estando yo en mi choza,
pintando la mi cayada,
las cabrillas altas, iban
y la luna rebajada.
***
Trujillo, ciudad cacereña totalmente desconocida por mí hasta entonces, fué parada de obligada visita en mi hoja de ruta.
Tras la obra y el espectáculo de salir de Mérida, llegamos tarde, muy tarde...
Con el humor a medio gas, aparcamos el coche en una de las estrechas y augustas calles.
El silencio reinaba en el pueblo.

La majestuosidad de los edificios que nos rodeaban era sorprendente pero, a esas horas de la madrugada, con el cansancio en el cuerpo y la realidad de saberse desorientadas, lo que nos parecía realmente sublime era; encontrar el hostal donde nos alojaríamos.
Subimos..., bajamos..., una vuelta aquí..., otra por allí...
Ahora que lo recuerdo, no puedo evitar sonreir porque esto de perderse, en nosotras, ya es todo un RITO... Más que perderse es como dar un rodeo, no vayais a creer.
Por fin, tropezamos con él. Difuso, en una de las angostas y laberínticas callejuelas.
Mereció la pena porque, cuando el posadero nos abrió la puerta, la calidez de la estancia nos contagió de optimismo. La quietud de aquel lugar nos llevó a la serenidad, su sosiego invitaba a la calma y así..., llegó el sueño.
Pocas horas después, con la luz de la mañana y la claridad que concede el descanso, paseamos fascinadas por la belleza de los edificios que nos rodeaban; imaginando la historia que debía guardar cada una de sus piedras. Miles de toneladas allí donde mirásemos...
No en vano, Trujillo fué una ciudad de grandes familias, cohesionados gremios de artesanos y, como no, de conocidos conquistadores, entre ellos Francisco Pizarro o Francisco de Orellana.
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El tiempo pasado en Trujillo se hizo mucho más corto de lo que esperábamos. Apenas unas horas y, aún así, ya podíamos sentir la intensidad de cada uno de los momentos hasta entonces vividos. Ahora, imágenes de recuerdos imborrables...




 
 

84 HORAS, 3500 KMS...

El Amor de Medea según Eurípides.
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Medea (431 a.C), del dramaturgo griego Eurípedes (480-406 a.C.), relata el amor no correspondido de la hija del rey Aetes por Jasón, jefe de los Argonautas. Ella, que había traicionado a todos, su padre, sus Dioses, sus amigos por el amor de Jasón, ayudó a éste a conseguir el Vellocino de Oro, protegiéndolo con una poción mágica que lo hacía invulnerable al fuego y al hierro. Fué así como Medea consiguió acariciar una promesa de amor eterno cuando Jasón le jura llevarla a Grecia y hacerla su esposa.
Los años de felicidad pasan como una llama que se apaga. Medea envejece y el desengaño por la infidelidad de Jasón, la llena de odio, deseos de venganza. Es así como se destruye el recuerdo de la felicidad y el amor que un día compartió con Jasón y es así; como Medea planea la negación de su futuro, el de su marido y el de sus propios hijos, víctimas del amor frustrado...


Medea según Tomaz Pandur ***
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Dicen que "Medea" es una de las tragedias donde las grandes actrices han querido desmostrar su gran calidad en el oficio. Este año, el Teatro Romano de Mérida ha acogido , con gran éxito, la versión de Tomaz Pandur, sobre esta gran tragedia griega.
No quería perder la oportunidad de ver a Blanca Portillo en el papel de Medea así que programé mi hoja de ruta, hablé con el jefe, reservé los hoteles y me dispuse a disfrutar de unos días, apenas 84 horas...
"Medea" no fué sin duda alguna; el plato fuerte de lo que me aguardaba en este viaje, pero he de confesar que me gustó mucho su puesta en escena, a medio camino entre lo clásico y lo moderno, la coreografía de las mujeres de la Cólquide y el juego de luces y, por supuesto, como amante del mundo canino, me sorprendió enormemente la actuación y el buen hacer de los perros que actuaron pero; si la interpretación de alguien me fascinó, he de confesar que fué la de Asier Etxeandía. Su magnífica, casi sublime caracterización tanto física, gestual y vocalmente del Centauro Quirón, me dejó verdaderamente pasmada.
Aún recuerdo cómo, de camino al hotel, intentábamos imitarlo...

Nuestro viaje según yo misma


*** 84 horas, 3500 kilómetros..., apenas tiempo que apurar y cientos de momentos para recordar...

Unos días increíbles, llenos de sentimientos contradictorios como la alegría del reencuentro y la desgarradora tristeza de lo inalcanzable... Recuerdos compartidos de todo aquello que vivimos, de lo que fuimos cuando estuvimos y mi desasosiego al perder todo aquello.
Después, el sentimiento de libertad... Aquel atardecer, el frío en los huesos y la brisa vivificante anunciadora de un nuevo amanecer y desgraciadamente; una nueva partida...


 
 

El Final del Camino.

Finis Terrae - Finisterre
Su posición geográfica y sus increíbles puestas de sol hicieron creer a Decimo Junio Bruto (Siglo I), que se encontraba en el lugar donde moría el sol, allí donde se acababa la tierra.
Finisterre ha sido siempre un lugar sagrado. Desde los nerios hasta nuestros días, han sido muchas las generaciones que quedaron prendadas por la magia, al contemplar la puesta de sol desde el promontorio donde está situado el final, por excelencia, del Camino de Santiago.
A los pies del Cabo de Finisterre se puede observar la inmensidad del Océano Atlántico, sentir su fuerza y un mar de indescriptibles sensaciones, inundar todo tu ser... No en vano, hay autores que situan en este lugar al Ara Solís, en la que se practicaba culto celta al sol. Cerca del lugar podremos encontrar una serie de piedras vinculadas a leyendas religiosas como las Piedras Santas, las Piedras Manchadas de Vino, A Codeira de Pedra y la Tumba de Orcabella.

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Durante mi andadura por el Camino de Santiago como bicigrina y peregrina de la vida, tuve la oportunidad de vivir días inolvidables. Miles de recuerdos que ahora me estremecen.
Hubo momentos para todo...
Ilusiones compartidas, que te animaban a seguir adelante cuando el cansancio, por las duras jornadas, machacaban tu cuerpo totalmente quebrantado...
Risas, momentos de complicidad y canciones compartidas...
Lágrimas compartidas...
Abrazos y, sueños compartidos...
Dicen que el Camino de Santiago une o separa, que es algo que debes hacer al menos una vez en la vida, que te ayuda a superar los obstáculos, a comprender lo que verdaderamente es importante en la vida, que te ayuda a conocerte mejor a tí misma y a los demás...
Para mí, el Camino de Santiago, significó mucho más de lo que podía sospechar entonces. Cuando emprendí el viaje pensaba que no me aportaría nada de esa magia que dicen contagia el Camino pero fué, gracias a éste, que comprendí lo que verdaderamente conlleva el sentimiento de amar incondicionalmente...
Nunca antes había sufrido tanto por el dolor de la persona que amas y que, aún así, camina junto a tí... Nunca antes, había vivido tal demostración de amor...
Una de nuestras ilusiones era llegar hasta el Cabo de Finisterre y hacer realidad aquello de "contigo, al fin del mundo..." pero, al llegar a Santiago, no pudimos cumplir esta última etapa y pospusimos esta aventura para más adelante. Desde entonces, quedó en mí una espinita...
Ahora, la idea de regresar a aquel lugar en el que nunca estuvimos, se hace cada día más fuerte. Se que es un viaje que he de emprender y, aunque sea a solas conmigo misma, ya puedo sentir de nuevo la MAGIA de aquel anterior CAMINO y cómo las retinas que recubren mi corazón, se inundan con todos tus recuerdos...
Siempre estarás en mí,
Mónica.
 
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